sábado, 11 de diciembre de 2010

Lennon por siempre


Han pasado tres días, como cuando los católicos esperan que su Jesús resucite y quizá nuestro mesías no vuelva, ni siquiera para presentarse ante alguna Magdalena; sin embargo, él vive presente ante las miles de personas que, religiosamente, asistimos todos los 8 de diciembre a algún evento en el que se celebra una verdadera fiesta en su memoria.

En esta ocasión, el día de la fiesta se prolongó por dos días. Y es que se conmemoraba una cifra especial: 30 aniversario de su muerte. Asistí con el mismo fervor de siempre a uno de los homenajes en honor de ese grande, de ese titánico genio que ninguno que se considere amante de la buena música, podrá olvidar jamás. Como siempre, la gran mayoría de asistentes eran tíos cincuentones y sesentones, casi todos acompañados de sus cuarentonas esposas y de sus futuros herederos (sí, económica y musicalmente). Tenía la oportunidad de escuchar una vez más, este tributo que se repite desde hace veinte años. No sé si siempre estuvo la sinfónica, no sé si siempre fue en el mismo lugar de siempre: el Teatro Peruano Japonés. Tampoco sé si cada año la calidad del evento tiene los mismos altibajos, ni si hay algunos que hayan asistido los veinte años que llevan tocando. Lo que sí sé es que todos, sin excepción alguna, se ubican cómodamente en algún lugar del recinto y comparten la misma idea: ¿Por qué tuviste que morir, John Lennon?

A continuación, trataré de hacer una breve reseña (a mí manera) sobre Lennon, el genio misterioso y triste de la gente.

John Winston Ono Lennon nació en Liverpool, un 9 de octubre de 1940. Sus padres lo "abandonaron" y Lennon llevaría ese recuerdo por siempre. Una muestra bastante clara sobre este triste episodio de su vida se hace musical en la canción "Mother", del álbum "John Lennon/Plastic Ono Band". A los dieciséis se juntó con Paul McCartney (compinche y rival para toda la vida) y nació The Beatles. Durante 10 años, le hicieron al mundo entero una herida que quizá nunca podrá sanar y que será heredada generación tras generación: La Beatlemanía.
En 1970, los miembros de The Beatles se separan. El primero en irse fue McCartney. Lennon no estaba ni aquí ni allá, eran sus años más tristes y creativos. Harrison estaba más que ofendido y resentido porque ni Lennon ni McCartney daban crédito a su genio creativo. Ringo era una especie de fantasma.

Lennon comienza una discreta carrera como solista y con ella, nos dejó huellas inmortales como "Imagine", "Woman" y "Mind Games", entre otras. Un 8 de diciembre, mientras entraba a su edificio en Nueva York, un loco de mierda acabó con la vida del genio de Liverpool. Algunos dicen que detrás de todo estuvo la CIA, otros dicen que Mark David Chapman estaba obsesionado con Lennon. Lo cierto es que Lennon, ese día, no murió. Si fue la CIA, se peló porque Lennon sigue vivo y es una leyenda.

Llegué al Peruano Japonés alrededor de las 8 pm. El sitio estaba lleno de gente que se abalanzaba sobre la chinita que vendía panes con pollo. "¡Una foto en el techo donde tocaron los bitles! Son gratis, señor". El dichoso "techo donde tocaron los bitles" era una gigantografía del legendario techo donde The Beatles hizo su última presentación en público antes de su disolución. Si buscas en youtube la canción "Don't let me down" o "Get Back", podrás ver a qué me refiero.

La función comenzó 45 minutos después. Tenía en el estómago una coca cola, un pan con pollo y en la conciencia, un marlboro gold. El evento comenzó con un prólogo de los hijos del fallecido bajista Ernesto Samamé, quien solía homenajear a Lennon también en este mismo teatro. A lo largo de casi dos horas de interpretación de los temas más conocidos de Lennon y de todo el disco "Let it be" (1970), sentimos la magia de entregarse sin reproches a la nostalgia, la alegría y la tristeza. De todo lo que vi y escuché, solo me queda resaltar la buenísima interpretación que hace el sr. Carlos Guerrero de los temas de McCartney. El acompañamiento musical también fue casi impecable, con algunas pajareadas que casi nadie notó pero que yo, que me considero un loco música, no dejé pasar.

Las interpretaciones del Sr. Carlos Delgado no me dejaron muy satisfecho que digamos. En algunas estuvo bien y en otras no. Quiero pensar que se distrajo, ya que su pequeño hijo estaba en el escenario, intentado contagiarse de la magia beatle y simulando tocar una diminuta y graciosa guitarra eléctrica. Algunas otras interpretaciones como la de Aldo Rodríguez (vocalista de la banda "Space Bee") y de Andrés Dulude (ex vocalista de la banda "Frágil") merecen un comentario aparte. Rodríguez se lució al interpretar "Jealous Guy", mientras que Dulude jodió totalmente el tristísimo tema de Lennon: "Dear Prudence".

De todos los temas interpretados, me quedo con "Everybody's got something to hide" y "Mother". El último no tanto por la musicalización, pues creo que le faltó gracia, sino por el contenido y es que este tema siempre consigue ponerme triste.

A tres días del aniversario de la muerte de Lennon, solo me queda decir...

¿Por qué te fuiste, Lennon?



lunes, 22 de noviembre de 2010

Autorretrato

Por nombre le pusieron Diego
Al vòmito irònico de los dioses ebrios
Su existencia esyaba marcada por los hilos negros
De la maldiciòn de las mujeres que lo quieren muerto

Naciò en una noche sin luna
Cuando el dios de Vallejo estaba muerto
Tuvo un nicho lleno de putas por cuna
Y su niñez, en los campos del cariño, un desierto

Fue creciendo entre juegos y perversiones
Siempre triste, siempre fresco
Y cuando llegò el atardecer
Se sintiò frìo y abandonado como el màs callejero de los perros

No se dejò vencer por la compasiòn
Que le regalaban envuelta en cajas de cartòn
Le nacìa un corazòn de piedra
Le precedìa un sendero de lujuria y traiciòn

Cuando por fin llegò la hora
En que tendrìa que dejar su mìsero colchòn
Cerrò los ojos, respirò profundo
Se dio la vuelta y se marchò

Y cuando alguien preguntaba
¿Què fue del chico aquel, ese que andaba negro y se matò?
Ese ingrato, hijo de la nada
Nunca màs volverà, el viento se lo llevò...

Afonìa

Funesto ataque de pànico
que inunda, de mi casa, los perros
Quitàndome suavemente la ropa
Sumergièndote lentamente la noche de tu entierro

Ojos que ya no observan
Frìo que todo lo vuelves blanco
Calor que incendias un grito ahogado
Tristeza sutil envuelta en llanto

Miseria que llenas mis dìas
En un mar de dolor e injusticia
Llena mi garganta de llovizna
Quizà mi voz ya no quiera salir màs...

sábado, 20 de noviembre de 2010

De la inocencia

Sutil y lívida en los niños
Ausente y mancillada en quienes ya no tiene sueños
Un licor prohibido que gustamos beber
Un perfume parisino que solemos derramar

Blanca y transparente
Como el más suave encaje en tus piernas
Dulce y embriagante
Como la miel de mil panales infinitos

Ya no quedan las cenizas
De ese cuerpo tan herido
Y te extraño madre mía, te extraño
Para ver en tus ojos y seguir siendo un ciego

De lo burdo

Cual lluvia negra, maldita, deliciosa,
que baña las almas inocentes, iras candorosas,

Nos imprime un odio infinito
a los pétalos de rosas, a las velas en el suelo;
Nos cultiva un vicio pernicioso,
al candor de una noche de putas y licores

Y cada suspiro es un gemido de ramera

martes, 24 de agosto de 2010

Hasta pronto, hasta nunca

¿Qué hacer cuando se avecina una tormenta? Alguien me dijo: pues te abrazaría y así, con tu altura, me proteges de las gotas. El gran detalle es que yo no tengo a quién abrazar. Las esperanzas, como la luz de mi cuarto, se apagan después de las doce.

Ella estuvo ahí, me dio su amor, su comprensión y sobre todo, su mirada. Sí, ella me miró. Se atrevió a posar su cálida mirada en este inútil y viejo trasto. Una idea se cruzó por su mente en ese momento: no puedo creer que alguien se digne a intentar reciclar este trasto tan gastado y vejado. Y ella lo intentó.

Y como ella mismo lo dijo: jugar con fuego es emocionante, pero te puedes quemar. Inútilmente traté de ser ese fuego que abraza, que todo lo envuelve y me volví ese fuego que salpica, ese que salta, traidor y dulce; ese que endulza, endiosa, distrae y luego, sin más ¡Zas! Destruye todo lo que con esfuerzo habías construido, lentamente, soñando despierto. Ella se fue y yo le compré el boleto, le hice los papeles y la embarqué alegremente, mientras silbaba una de Lennon.

Y por dentro el payaso iba haciendo malabares, practicando saltimbanquis y llorando mientras reía y cantaba tristemente: Todo tiene su final…

lunes, 14 de junio de 2010

Historias de fútbol I

Durante estos días he experimentado en demasía una emoción que hace mucho, mucho tiempo no disfrutaba tanto: excitación y expectativa.

Una de las razones de este repentino estado en el que me encuentro es el mundial de Sudáfrica 2010. Cada partido, cada gol y cada jugada es un deleite para mis ojos. Hoy más que nunca mi pasión futbolera se hace presente y se extiende por toda mi humanidad. Nunca pensé volverme tan fanático del fútbol. Pero todo esto es aún más sorprendente por la historia que relataré a continuación.

Comencemos por decir que antes el fútbol me llegaba al pincho. De niño, siempre fui (y sigo siendo) malo cuando jugaba pelota con la gente del barrio. Recuerdo con mucho cariño y nostalgia aquellas pichangas que disputábamos entre los más diestros y los más torpes (yo, por supuesto, en el segudno equipo), aquellos pistazos legendarios que nos dejaban un saldo de raspones en las piernas, mechas entre amigos y la infaltable Kola Real que en ese tiempo costaba cincuenta centavos y rendía para 4 personas. Anécdotas de aquellos días sobran en mi mente, prometo contarlas pronto en un post.

Pero nuestros partidos no sólo eran verdaderos duelos de destreza en las canchas. También contaban los candentes duelos que disputaban mis amigos frente a la multicolor pantalla y prendidos de los gloriosos mandos de Super Nintendo. Todo aquel que me conoce sabe que yo soy un vicioso empedernido; sin embargo, pocos saben de lo mucho que llegué a odiar el soccer virtual. ¿La razón? También ahí era malo.

He de aceptar que soy un picón de primera. Y quizás gracias a que nunca jugué soccer en super ni en play station es que aún conservo muchas de mis antiguas amistades. Recuerdo que nos agrupábamos de a 5 o de a 7 para ir al vicio. Claro, siempre era un grupo impar ya que, los pares se batían en un duelo de patadas, centros y goles y el sobrante era un espectador renegado.

Ese era yo.

Mis amigos se pasaban horas de horas machucando botones obsesivamente y yo en ese entonces tenía el razonamiento de muchas de las chicas que conozco: ¿Qué demonios le ven a controlar once miniaturas que patean un balón? ¿Por qué no se comportan como seres normales? No lo entendía y odiaba el soccer. Lo mío eran los juegos de aventura, los RPG, lo cooperativos. Hasta con los de peleas me defendía, pero nunca me atrevía jugar el siempre recordado Soccer Excitante, el Soccer Human o el Soccer Peruano, como los conocíamos en los vicios del barrio. Tampoco me atreví a jugar el legendario Winning Eleven 3 ni mucho menos el 4.

Durante mucho tiempo perdí mi oportunidad de aprender las bases y la historia de muchos de los jugadores de antaño: sus proezas, sus jugadas, sus lesiones, sus goles. El tiempo seguía avanzando y yo ya ni me molestaba en renegar por mis amigos, siempre esclavos del Soccer. Me dediqué a especializarme en juegos cooperativos y de estrategia. Siempre he sido (eso creo) un buen partner para los juegos; sin embargo, sentía que algo me faltaba, que algo se me estaba escapando.

A inicios de un verano, hace unos dos o tres años, decidí afrontar el reto: cogí un mando y me senté a tratar de disputar los 90 (10 en realidad) minutos que dura un partido de soccer.

¿El resultado? Un enfermo del fútbol.