
sábado, 11 de diciembre de 2010
Lennon por siempre

lunes, 22 de noviembre de 2010
Autorretrato
Al vòmito irònico de los dioses ebrios
Su existencia esyaba marcada por los hilos negros
De la maldiciòn de las mujeres que lo quieren muerto
Naciò en una noche sin luna
Cuando el dios de Vallejo estaba muerto
Tuvo un nicho lleno de putas por cuna
Y su niñez, en los campos del cariño, un desierto
Fue creciendo entre juegos y perversiones
Siempre triste, siempre fresco
Y cuando llegò el atardecer
Se sintiò frìo y abandonado como el màs callejero de los perros
No se dejò vencer por la compasiòn
Que le regalaban envuelta en cajas de cartòn
Le nacìa un corazòn de piedra
Le precedìa un sendero de lujuria y traiciòn
Cuando por fin llegò la hora
En que tendrìa que dejar su mìsero colchòn
Cerrò los ojos, respirò profundo
Se dio la vuelta y se marchò
Y cuando alguien preguntaba
¿Què fue del chico aquel, ese que andaba negro y se matò?
Ese ingrato, hijo de la nada
Nunca màs volverà, el viento se lo llevò...
Afonìa
que inunda, de mi casa, los perros
Quitàndome suavemente la ropa
Sumergièndote lentamente la noche de tu entierro
Ojos que ya no observan
Frìo que todo lo vuelves blanco
Calor que incendias un grito ahogado
Tristeza sutil envuelta en llanto
Miseria que llenas mis dìas
En un mar de dolor e injusticia
Llena mi garganta de llovizna
Quizà mi voz ya no quiera salir màs...
sábado, 20 de noviembre de 2010
De la inocencia
De lo burdo
martes, 24 de agosto de 2010
Hasta pronto, hasta nunca
¿Qué hacer cuando se avecina una tormenta? Alguien me dijo: pues te abrazaría y así, con tu altura, me proteges de las gotas. El gran detalle es que yo no tengo a quién abrazar. Las esperanzas, como la luz de mi cuarto, se apagan después de las doce.
Ella estuvo ahí, me dio su amor, su comprensión y sobre todo, su mirada. Sí, ella me miró. Se atrevió a posar su cálida mirada en este inútil y viejo trasto. Una idea se cruzó por su mente en ese momento: no puedo creer que alguien se digne a intentar reciclar este trasto tan gastado y vejado. Y ella lo intentó.
Y como ella mismo lo dijo: jugar con fuego es emocionante, pero te puedes quemar. Inútilmente traté de ser ese fuego que abraza, que todo lo envuelve y me volví ese fuego que salpica, ese que salta, traidor y dulce; ese que endulza, endiosa, distrae y luego, sin más ¡Zas! Destruye todo lo que con esfuerzo habías construido, lentamente, soñando despierto. Ella se fue y yo le compré el boleto, le hice los papeles y la embarqué alegremente, mientras silbaba una de Lennon.
Y por dentro el payaso iba haciendo malabares, practicando saltimbanquis y llorando mientras reía y cantaba tristemente: Todo tiene su final…
lunes, 14 de junio de 2010
Historias de fútbol I
Una de las razones de este repentino estado en el que me encuentro es el mundial de Sudáfrica 2010. Cada partido, cada gol y cada jugada es un deleite para mis ojos. Hoy más que nunca mi pasión futbolera se hace presente y se extiende por toda mi humanidad. Nunca pensé volverme tan fanático del fútbol. Pero todo esto es aún más sorprendente por la historia que relataré a continuación.
Comencemos por decir que antes el fútbol me llegaba al pincho. De niño, siempre fui (y sigo siendo) malo cuando jugaba pelota con la gente del barrio. Recuerdo con mucho cariño y nostalgia aquellas pichangas que disputábamos entre los más diestros y los más torpes (yo, por supuesto, en el segudno equipo), aquellos pistazos legendarios que nos dejaban un saldo de raspones en las piernas, mechas entre amigos y la infaltable Kola Real que en ese tiempo costaba cincuenta centavos y rendía para 4 personas. Anécdotas de aquellos días sobran en mi mente, prometo contarlas pronto en un post.
Pero nuestros partidos no sólo eran verdaderos duelos de destreza en las canchas. También contaban los candentes duelos que disputaban mis amigos frente a la multicolor pantalla y prendidos de los gloriosos mandos de Super Nintendo. Todo aquel que me conoce sabe que yo soy un vicioso empedernido; sin embargo, pocos saben de lo mucho que llegué a odiar el soccer virtual. ¿La razón? También ahí era malo.
He de aceptar que soy un picón de primera. Y quizás gracias a que nunca jugué soccer en super ni en play station es que aún conservo muchas de mis antiguas amistades. Recuerdo que nos agrupábamos de a 5 o de a 7 para ir al vicio. Claro, siempre era un grupo impar ya que, los pares se batían en un duelo de patadas, centros y goles y el sobrante era un espectador renegado.
Ese era yo.
Mis amigos se pasaban horas de horas machucando botones obsesivamente y yo en ese entonces tenía el razonamiento de muchas de las chicas que conozco: ¿Qué demonios le ven a controlar once miniaturas que patean un balón? ¿Por qué no se comportan como seres normales? No lo entendía y odiaba el soccer. Lo mío eran los juegos de aventura, los RPG, lo cooperativos. Hasta con los de peleas me defendía, pero nunca me atrevía jugar el siempre recordado Soccer Excitante, el Soccer Human o el Soccer Peruano, como los conocíamos en los vicios del barrio. Tampoco me atreví a jugar el legendario Winning Eleven 3 ni mucho menos el 4.
Durante mucho tiempo perdí mi oportunidad de aprender las bases y la historia de muchos de los jugadores de antaño: sus proezas, sus jugadas, sus lesiones, sus goles. El tiempo seguía avanzando y yo ya ni me molestaba en renegar por mis amigos, siempre esclavos del Soccer. Me dediqué a especializarme en juegos cooperativos y de estrategia. Siempre he sido (eso creo) un buen partner para los juegos; sin embargo, sentía que algo me faltaba, que algo se me estaba escapando.
A inicios de un verano, hace unos dos o tres años, decidí afrontar el reto: cogí un mando y me senté a tratar de disputar los 90 (10 en realidad) minutos que dura un partido de soccer.
¿El resultado? Un enfermo del fútbol.